El cantante de El Canto del Loco protagoniza la serie 'Cuenta atrás', la gran apuesta de ficción Cuatro para esta temporada «Yo no soy famoso», reivindica con fuerza.Cuando se dice que tal o cual famoso es un chico de barrio, se activan todas las alarmas. ¿Oh, Dios, otro que se apunta a la imagen de perro callejero y que a las primeras de cambio se delata diciendo que se educó en un colegio suizo y que sus papás tienen un chalé en la sierra! Por eso, siempre conviene poner en cuarentena este marchamo de autenticidad proletaria que muchos artistas lucen como una medalla al mérito y que a menudo tiene más que ver con el 'marketing' que con la realidad. En el caso de Dani Martín -que revienta las listas de éxitos con su grupo El Canto del Loco y encandiló a los críticos cinematográficos en la película de Bigas Luna 'Yo soy la Juani'-, no hay duda: pasa el test sin problemas y se ha ganado a pulso la etiqueta. Natural de la localidad madrileña de Algete, sus tatuajes, su pinta de tío duro y su desparpajo de gamberrillo no son una impostura. O eso, o es el mejor actor del mundo.
En unos estudios ubicados en el extrarradio de Madrid, donde graba la serie policial 'Cuenta atrás', que Cuatro estrenará en breve y que supone su debut televisivo como protagonista, lo deja bien claro. ¿Cómo? En parte, por su manera espontánea de responder a las preguntas, pero, sobre todo, por dos detalles que, sin él saberlo, le introducen inequívocamente en la categoría de chicos de barrio de verdad. Uno: se cambia delante de una servidora. «¿No te importará que me quede en gayumbos, no?», espeta con naturalidad y sin asomo de cachondeo. Y dos: antes de salir del plató y perderse en la prometedora noche del viernes, se topa con la señora de la limpieza -esas mujeres que para las personas con ínfulas resultan espectros invisibles- y le dedica un cariñoso 'hola' y una sonrisa que derretiría a cualquier fan y que, por supuesto, desactiva las alarmas antipijo.
-¿Qué pocas entrevistas con usted se encuentran por ahí! ¿Es que no le gustan?
-¿Pocas? Habrá un millón y medio.
-No crea. Comparado con otros famosos...
-Es que yo no soy famoso, ha dicho la palabra incorrecta del día. Da la casualidad de que este trabajo tiene una consecuencia llamada popularidad: la gente te conoce. Pero yo no lo hago para eso, ni vivo de la fama.
-¿No le gusta hablar de usted?
-De mi vida privada, no. Me gusta hablar de motos, de coches, de fútbol...
-¿Siente timidez, pudor?
-A nadie le importa la vida de nadie.
-Pues permita que le diga que con la tele se está metiendo en la fama a lo bestia.
-Me la pela. Yo voy a seguir siendo el mismo.
-¿Va de duro?
-No voy de nada. Pero puedo asegurarle que tengo más de sensible que de duro. Mi dureza sale de cosas que me han ido pasando.
-¿Le ha hecho daño mucha gente?
-¿Y yo también lo habré hecho! Siempre fui el pequeño de mi pandilla, que es la misma desde los seis años. Crecí en una plaza, una promoción de viviendas de protección oficial. Allí conocí a Josito, Davi, al Román... De todos, yo era el que menos estudiaba.
-A usted no le ha ido mal. Pero, ¿qué ha sido de ellos?
-Curran conmigo y yo con ellos. Trabajan en mi gira, otros están en seguridad...
-¿Se los ha llevado con usted!
-Ellos se lo han ganado, ¿eh?
«Soy como un chucho»
-¿Su cuadrilla no se mofó cuando usted anunció su intención de dedicarse a las artes?
-Hombre, nunca lo dije con esas palabras. Cuando tenía cuatro años, mi madre me llevó a ver una función del payaso Charlie Rivel y, al salir, le dije que yo quería hacer eso.
-Pero reconocerá que, en un barrio obrero, lo de la vocación por actuar suena algo ¿raro?
-La persona que se levanta por la mañana y repasa lo que piensan los demás de él, es mejor que se quede en la cama y se pegue un tiro.
-¿En algún momento se arrepiente de haber renunciado a la vida tranquila de barrio?
-Sí... Pero sigo haciendo cosas que hacía antes. Ahora mismo me voy a tomar unas cañas y jugar un billar. Y me mola comer de menú. Voy a un sitio que hay en el polígono donde curraba antes que hacen un arroz a la cubana que se te va a la olla. Me gusta la peña, el kalimotxo, los gintonics
-Vamos, que es usted de gustos sencillos.
-A ver, también me gustan los Porsche, los Ferrari, las Harley Davidson y las tías buenísimas, pero no me levanto pensando en esas cosas. Ya lo dije una vez: en el mundo de los actores, los cantantes y las fiestas, me siento como un pincho de tortilla dentro de un plato de caviar.
-¿No quiere convertirse en una 'delicatessen'?
-Yo soy tosco, primario y primitivo, pero también sensible. Como un chucho de ésos que al principio huyen un poco de ti, pero se acercan cuando ven que les das cariño. Yo, si tengo unos 'paparazzi' en la puerta, pasaré, les diré 'hola, buenas tardes' y nada más. ¿Joder, que no soy Ana Obregón!
-No será la Obregón, pero esta semana le atribuyen una novia en la portada de una revista del corazón.
-Yo no vivo de eso, así que todo eso me la pela, sinceramente.
-Algunos se creen que usted es como su personaje en 'Yo soy la Juani'. Un poquito macarra.
-¿Hombre, yo no hago esos gestos exagerados, ni llevo todos esos anillos de oro encima!
-Espero que tampoco llame chocho a las mujeres.
-No era chocho, era chochete. Yo soy una persona mucho más equilibrada. La gente que se cree que los actores son como sus personajes está un poco trastornada.
-Pues ahora va a meterse usted en la piel de Corso, un policía. ¿Tiene algo en común con él?
-Sí, mucho.
-Pero seguro que nunca ha tenido vocación de agente de las fuerzas del orden.
-Jamás en mi vida. Aunque no todos los polis son flipados, hay de todo. Para preparar el personaje hemos estado en la Ciudad de la Policía, en Canillas, y nos han enseñado a disparar con armas de verdad, entrar en pisos
-¿Ha tenido alguna vez un encontronazo con la Policía?
-Sí, sí... Un día salía de un centro comercial y nos tiraron contra el coche porque un chico les había contado una historia rarísima sobre unos gitanos que nos habían dado las llaves. Me reconocieron.
-Y la fama le ayudó.
-¿Todo lo contrario! El notas se puso farruquete. Creo que fue un acto de protagonismo: 'Voy a joderle la tarde al tontito este'.
-Su personaje no será así
-No, es un animal de la calle: noble, sincero, golfete... ¿Me gustaría hacer un día un debate sobre la palabra golfo! Un golfo es el que tiene novia y se enrolla con otras chicas, ¿no?, pero un tío que no tiene novia y se enrolla con muchas, ¿es un golfo?
-Usted dirá.
-Creo que, simplemente, es un disfrutador.
-Con esos planteamientos, ¿se ve preparado para mantener una relación estable?
-Ahora, el protagonismo de mi vida lo tiene mi trabajo.
-Pero, en algún momento, la balanza se inclinará
-A ver, reina, hay cosas que no forman parte del interés de nadie.
-No se ponga así, que ya sé que boxea. ¿Sigue haciéndolo?
-Todos los días una hora. Lo necesito. Me encanta. El boxeo es un asunto de guerreros, de luchadores, de ilusión, de alma. Lo importante es aprender a que no te den, y eso tiene mucho que ver con la vida.
-¿Y ha usado alguna vez esos conocimientos fuera del ring?
-Jamás en la vida me he pegado con nadie. Que la gente se pelee me produce una tristeza terrible. Y, si un día me veo obligado a hacerlo, el arma que utilizaré será correr.

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